El Facebook puede hacer que compartas la foto del arco iris hermoso que hay en el cielo pero fueron tus ojos los que lo vieron primero. No sé si habrá gente que antes que celebrar ser espectador de un espectáculo tan perfecto, celebre que lo pudo “subir” a la red.
El Facebook puede hacer que compartás la experiencia de que tu mamá te advirtió que hoy llovería y como si fuera bruja, llovió y vos sin sombrilla. Pero fueron tus oídos los primeros en escuchar esas palabras que a esta hora te dan risa. Tus oìdos son la maravilla, tu mamá la protagonista del misterio y postearlo apenas un detalle.
El Facebook puede hacer que compartás lo que te dijo tu hijo anttos de irse para la escuela, ese “Mami, qué linda estás hoy”, pero fue su corazón y su boca los que pronunciaron esto primero. Celebrá aquél arranque de ternura y luego, contáselo a los demás.
Que no se te olvide que el mundo real es más importante que cualquier mensaje de Facebook. No vayás a comer rico sólo para postearlo en el Facebook, andá para escuchar los tenedores y los cuchillos y las risas de tus amigas moviéndose al ritmo de ese encuentro. No vayás a la playa sólo para postearlo en el Facebook, andá para priopear en silencio, en tu mente, a Aquel que hizo el atardecer que te ubica en ese cuadro perfecto que ha pintado para vos porque te ama. No vayás al concierto sólo para subir un pedacito al Facebook. Andá para escuchar la sinfonía de sonidos que conectantu alma con tus emociones. Si lo subís al muro, que sea para que otros igualmente se deleiten de la creatividad y la ejecución de tanto talento que existe frente a nosotros y no lo vemos.
El Facebook es una esquina en tu calle donde a veces te podés detener a conversar, pero tu vida es la ciudad entera.